Fe amor y casamiento
Todo casamiento debe realizarse basado en la fe. Los jóvenes, antes de casarse, deben examinar muy bien los corazones y constatar si hay fe suficiente como para tomar la segunda decisión más importante de sus vidas. Por otro lado, los casamientos que son motivados apenas por la pasión normalmente fracasan. Por esa razón el matrimonio ha sido una institución frustrada, influenciando también la falencia de la iglesia. La mayoría de los casamientos se realizan más por inducción de los ojos físicos que por los ojos espirituales. Los soñadores se engañan al confundir e sentimiento de pasión con amor, y esta los lleva a la desilusión respecto al sagrado matrimonio. Cuando el matrimonio se realiza sobre la base de a fe bíblica, sumada a una compatibilidad de edad, pensamientos e ideas, y aderezado con un poco de simpatía de ambas partes, tiene todo para ser una bendición.
En el matrimonio bendecido por Dios, el verdadero y puro amor comienza a nacer con la convivencia diaria. El amor no es simplemente un sentimiento del corazón, sino la conciencia y la práctica diaria de la entrega de todo el ser en favor de la persona amada. Eso solamente se torna realidad cuando ambos omiten los defectos del otro y aprenden a ver solamente las cualidades.
Amar es darse. El amor de Dios por la humanidad, por ejemplo, no quedó en un sentimiento, sino que se concretó en una actitud de dar la vida de Su único Hijo en favor de ella. El amor que debe existir entre la pareja es mucho más que la entrega irrestricta de uno hacia el otro; y más que un mero sentimiento de deseo personal y carnal, pues quien ama se preocupa en dar.
Podemos decir que mientras no haya una alianza matrimonial, los enamorados son poseídos sólo por una pasión carnal y por el deseo de satisfacerse con la posesión del otro. A partir del casamiento, sin embargo, la pasión dirigida hasta entonces a la satisfacción del deseo y aquella voluntad incontenida de realización personal son trasferidas a la persona querida y trasformadas en amor, cuidado y cariño.
Próxima parte: El hogar de la mujer y del hombre de Dios.
La familia de Dios (Parte 3)
La pareja
El ser humano no es una isla, pues Aquel que lo creó a Su imagen y semejanza no lo hizo para vivir solo. Él mismo dijo: “No es bueno que el hombre esté solo...” (Génesis 2:18).
Aunque el hombre haya sido creado perfecto, según la imagen y semejanza del Altísimo, aún así le faltaba alguien que lo completase. No podría ser alguien igual a él físicamente, pero también debería ser lo suficientemente fuerte para auxiliarlo. Entonces, según la narrativa Bíblica, de la costilla del hombre, el Señor creó a la mujer. El podría haberla formado de la misma manera como hizo al hombre, o sea, del barro. Pero hizo a la mujer - partir del hombre, a fin de dejar evidente la posición de ella con relación a él: sumisa a su liderazgo. La mujer fue creada con la finalidad específica de auxiliar al hombre en la procreación, en la educación de los hijos, en la administración de la casa, aparte del aspecto afectivo. El hombre es la cabeza, pero la mujer, el corazón. Los dos son igualmente considerados por Dios, pero el Señor colocó al hombre con la responsabilidad de dirigir la familia. Por eso, la mujer debe someterse a él, que, a su vez, tiene el deber de amarla.
El hombre puede tener el perfil de fuerza, garra, coraje, poder y virilidad como un pura sangre árabe, pero cuando está en los brazos de una mujer se comporta como si fuese un niño indefenso, pues solo ella está dotada de poder para hacerlo feliz en la tierra. El sin ella es como un hombre con una sola pierna; si la cambia, es como si cambiase la pierna natural por una mecánica; estará preparado, pero jamás podrá competir. El hombre no sólo precisa de la mujer, depende de ella. Fueron creados uno para el otro, por eso mantienen una interdependencia, completándose en el matrimonio, de tal forma que pasan a ser un sólo cuerpo.
Cuando una persona nace de Dios, su próximo paso más importante es el matrimonio. Si es soltero, divorciado o viudo y quiere servir a Dios, tiene que pensar inmediatamente en el matrimonio; pues del éxito matrimonial depende servir mejor o no al Señor. Si ya está casado debe luchar para que su mujer también se convierta y, juntos, en un solo espíritu y en una sola fe, puedan luchar por los que están pereciendo sin salvación.
Para que el casamiento sea una bendición, no basta con que la pareja sea bautizada con el Espíritu Santo. Teóricamente, sí, pero en la práctica eso no es suficiente, porque el ser humano no se constituye solamente de la parte espiritual, existe también la carne que se enfrenta con el espíritu. Si viviésemos en espíritu las 24 horas del día, durante el resto de nuestras vidas, no habría problema; mientras tanto, queramos o no, la carne siempre se manifiesta. Por causa de eso, es necesario que, además de ser llenos del Espíritu Santo, la pareja sea compatible entre sí.
Imaginémonos, por ejemplo, una mujer que tenga más edad, más experiencia y cultura, o que esté técnicamente en un nivel superior al del marido. ¿De qué manera ella se someterá al liderazgo de él en la vida diaria? Es prácticamente imposible. Y si él no estuviera en la condición de cabeza de la familia, según lo enseñan las Escrituras, será prácticamente imposible que ese hogar salga adelante. El problema es más complejo de lo que podemos suponer, pero el hecho es: “Si el matrimonio no estuviere de acuerdo con la Biblia, no estará de acuerdo con Dios”. Es obvio que los autores sagrados no orientan al respecto a la necesidad del nivel social entre los novios. Pero no podemos despreciar la inteligencia aliada a la fe. Si hay desventaja social por parte de él en relación a ella, entonces es preciso evaluar mejor antes de concretar una unión que tiene todo para no ser exitosa.
Los obispos y pastores de la Iglesia Universal del Reino de Dios con más experiencia siempre están disponibles para aconsejar a los novios. Ya que no hay una imposición doctrinaria de parte de la IURD con respecto a este asunto. Por eso hemos buscado dar una orientación preventiva, teniendo en cuenta la gran falta de discernimiento espiritual de los novios convertidos.
El ser humano no es una isla, pues Aquel que lo creó a Su imagen y semejanza no lo hizo para vivir solo. Él mismo dijo: “No es bueno que el hombre esté solo...” (Génesis 2:18).
Aunque el hombre haya sido creado perfecto, según la imagen y semejanza del Altísimo, aún así le faltaba alguien que lo completase. No podría ser alguien igual a él físicamente, pero también debería ser lo suficientemente fuerte para auxiliarlo. Entonces, según la narrativa Bíblica, de la costilla del hombre, el Señor creó a la mujer. El podría haberla formado de la misma manera como hizo al hombre, o sea, del barro. Pero hizo a la mujer - partir del hombre, a fin de dejar evidente la posición de ella con relación a él: sumisa a su liderazgo. La mujer fue creada con la finalidad específica de auxiliar al hombre en la procreación, en la educación de los hijos, en la administración de la casa, aparte del aspecto afectivo. El hombre es la cabeza, pero la mujer, el corazón. Los dos son igualmente considerados por Dios, pero el Señor colocó al hombre con la responsabilidad de dirigir la familia. Por eso, la mujer debe someterse a él, que, a su vez, tiene el deber de amarla.
El hombre puede tener el perfil de fuerza, garra, coraje, poder y virilidad como un pura sangre árabe, pero cuando está en los brazos de una mujer se comporta como si fuese un niño indefenso, pues solo ella está dotada de poder para hacerlo feliz en la tierra. El sin ella es como un hombre con una sola pierna; si la cambia, es como si cambiase la pierna natural por una mecánica; estará preparado, pero jamás podrá competir. El hombre no sólo precisa de la mujer, depende de ella. Fueron creados uno para el otro, por eso mantienen una interdependencia, completándose en el matrimonio, de tal forma que pasan a ser un sólo cuerpo.
Cuando una persona nace de Dios, su próximo paso más importante es el matrimonio. Si es soltero, divorciado o viudo y quiere servir a Dios, tiene que pensar inmediatamente en el matrimonio; pues del éxito matrimonial depende servir mejor o no al Señor. Si ya está casado debe luchar para que su mujer también se convierta y, juntos, en un solo espíritu y en una sola fe, puedan luchar por los que están pereciendo sin salvación.
Para que el casamiento sea una bendición, no basta con que la pareja sea bautizada con el Espíritu Santo. Teóricamente, sí, pero en la práctica eso no es suficiente, porque el ser humano no se constituye solamente de la parte espiritual, existe también la carne que se enfrenta con el espíritu. Si viviésemos en espíritu las 24 horas del día, durante el resto de nuestras vidas, no habría problema; mientras tanto, queramos o no, la carne siempre se manifiesta. Por causa de eso, es necesario que, además de ser llenos del Espíritu Santo, la pareja sea compatible entre sí.
Imaginémonos, por ejemplo, una mujer que tenga más edad, más experiencia y cultura, o que esté técnicamente en un nivel superior al del marido. ¿De qué manera ella se someterá al liderazgo de él en la vida diaria? Es prácticamente imposible. Y si él no estuviera en la condición de cabeza de la familia, según lo enseñan las Escrituras, será prácticamente imposible que ese hogar salga adelante. El problema es más complejo de lo que podemos suponer, pero el hecho es: “Si el matrimonio no estuviere de acuerdo con la Biblia, no estará de acuerdo con Dios”. Es obvio que los autores sagrados no orientan al respecto a la necesidad del nivel social entre los novios. Pero no podemos despreciar la inteligencia aliada a la fe. Si hay desventaja social por parte de él en relación a ella, entonces es preciso evaluar mejor antes de concretar una unión que tiene todo para no ser exitosa.
Los obispos y pastores de la Iglesia Universal del Reino de Dios con más experiencia siempre están disponibles para aconsejar a los novios. Ya que no hay una imposición doctrinaria de parte de la IURD con respecto a este asunto. Por eso hemos buscado dar una orientación preventiva, teniendo en cuenta la gran falta de discernimiento espiritual de los novios convertidos.
La familia de Dios (Parte 2)
La constitución de la familia
¿Qué es una familia? Aunque hoy en día la sociedad moderna discuta mucho sobre la composición familiar, de acuerdo con la Biblia, aprendemos que la constitución básica de la familia es la que se compone por los padres y los hijos. Abuelos, tíos, primos, cuñados y otros pueden ser agregados o considerados, dependiendo del tipo de sociedad. Pero estamos hablando de la familia cuyo patrón es constituido de acuerdo con la Palabra de Dios.
Los hijos nunca deben ocupar el lugar de la madre o del padre. Cuando uno de los dos cónyuges sustituye al otro por los hijos, es como si se estuviese sepultando junto con su matrimonio, ¿pues no son los dos una sola carne?
Esto sucede generalmente cuando la mujer se siente insegura del amor de su marido. Su inseguridad conyugal la hace sustituir al marido por los hijos, y eso es lo que más ha contribuido para la destrucción de los hogares. Si la mujer fuera sabia, lucharía con Dios en oración para reconquistar el corazón del marido, no para sustituirlo.
Los padres
Cuando los jóvenes dejan a sus padres para casarse, estos deben estar conscientes de que la joven pareja pasa a ser una sola carne, y quien se interponga entre ellos, con excepción de Dios, será una barrera para su felicidad. Los padres de los jóvenes casados, si realmente quieren verlos felices, deben cortar el cordón umbilical definitivamente, sabiendo que los hijos ya no son más suyos y, para el bienestar de ellos y de sí mismos, deben dejarlos construir sus vidas libremente, sin ninguna interferencia.
Si los padres entendiesen que los hijos nunca le pertenecieron, no sufrirían tanto y aceptarían de buen grado dejarlos libres, para vivir la felicidad del matrimonio. Todo lo que existe aquí en la tierra, como en los cielos pertenece al Señor Dios, el Creador. Nuestros hijos, por ejemplo, son apenas un préstamo que Él nos hace por algún tiempo.
Cuando no reconocemos eso y tomamos posesión de ellos en nuestro corazón, en el caso grave que ellos mueran, también moriremos interiormente. Por eso, son muchas las personas que se martirizan al hacer de sus hijos el mayor tesoro de sus corazones. El Señor Jesús dijo: “…porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6:21)
Si nuestro corazón estuviera en los hijos, padres, hermanos, en el marido, en la mujer, o en cualquier cosa de este mundo, y los perdemos, también perderemos la propia razón de vivir; pero si nuestro corazón estuviera en el Señor Jesús, entonces estará seguro por toda la eternidad y nunca podrá ser abatido o destruido.
La pareja
El ser humano no es una isla, pues Aquel que lo creó a Su imagen y semejanza no lo hizo para vivir solo. Él mismo dijo: “No es bueno que el hombre esté solo...” (Génesis 2:18).
Aunque el hombre haya sido creado perfecto, según la imagen y semejanza del Altísimo, aún así le faltaba alguien que lo completase. No podría ser alguien igual a él físicamente, pero también debería ser lo suficientemente fuerte para auxiliarlo. Entonces, según la narrativa Bíblica, de la costilla del hombre, el Señor creó a la mujer. El podría haberla formado de la misma manera como hizo al hombre, o sea, del barro. Pero hizo a la mujer - partir del hombre, a fin de dejar evidente la posición de ella con relación a él: sumisa a su liderazgo. La mujer fue creada con la finalidad específica de auxiliar al hombre en la procreación, en la educación de los hijos, en la administración de la casa, aparte del aspecto afectivo. El hombre es la cabeza, pero la mujer, el corazón. Los dos son igualmente considerados por Dios, pero el Señor colocó al hombre con la responsabilidad de dirigir la familia. Por eso, la mujer debe someterse a él, que, a su vez, tiene el deber de amarla.
El hombre puede tener el perfil de fuerza, garra, coraje, poder y virilidad como un pura sangre árabe, pero cuando está en los brazos de una mujer se comporta como si fuese un niño indefenso, pues solo ella está dotada de poder para hacerlo feliz en la tierra. El sin ella es como un hombre con una sola pierna; si la cambia, es como si cambiase la pierna natural por una mecánica; estará preparado, pero jamás podrá competir. El hombre no sólo precisa de la mujer, depende de ella. Fueron creados uno para el otro, por eso mantienen una interdependencia, completándose en el matrimonio, de tal forma que pasan a ser un sólo cuerpo.
Cuando una persona nace de Dios, su próximo paso más importante es el matrimonio. Si es soltero, divorciado o viudo y quiere servir a Dios, tiene que pensar inmediatamente en el matrimonio; pues del éxito matrimonial depende servir mejor o no al Señor. Si ya está casado debe luchar para que su mujer también se convierta y, juntos, en un solo espíritu y en una sola fe, puedan luchar por los que están pereciendo sin salvación.
Para que el casamiento sea una bendición, no basta con que la pareja sea bautizada con el Espíritu Santo. Teóricamente, sí, pero en la práctica eso no es suficiente, porque el ser humano no se constituye solamente de la parte espiritual, existe también la carne que se enfrenta con el espíritu. Si viviésemos en espíritu las 24 horas del día, durante el resto de nuestras vidas, no habría problema; mientras tanto, queramos o no, la carne siempre se manifiesta. Por causa de eso, es necesario que, además de ser llenos del Espíritu Santo, la pareja sea compatible entre sí.
Imaginémonos, por ejemplo, una mujer que tenga más edad, más experiencia y cultura, o que esté técnicamente en un nivel superior al del marido. ¿De qué manera ella se someterá al liderazgo de él en la vida diaria? Es prácticamente imposible. Y si él no estuviera en la condición de cabeza de la familia, según lo enseñan las Escrituras, será prácticamente imposible que ese hogar salga adelante. El problema es más complejo de lo que podemos suponer, pero el hecho es: “Si el matrimonio no estuviere de acuerdo con la Biblia, no estará de acuerdo con Dios”. Es obvio que los autores sagrados no orientan al respecto a la necesidad del nivel social entre los novios. Pero no podemos despreciar la inteligencia aliada a la fe. Si hay desventaja social por parte de él en relación a ella, entonces es preciso evaluar mejor antes de concretar una unión que tiene todo para no ser exitosa.
Los obispos y pastores de la Iglesia Universal del Reino de Dios con más experiencia siempre están disponibles para aconsejar a los novios. Ya que no hay una imposición doctrinaria de parte de la IURD con respecto a este asunto. Por eso hemos buscado dar una orientación preventiva, teniendo en cuenta la gran falta de discernimiento espiritual de los novios convertidos.
¿Qué es una familia? Aunque hoy en día la sociedad moderna discuta mucho sobre la composición familiar, de acuerdo con la Biblia, aprendemos que la constitución básica de la familia es la que se compone por los padres y los hijos. Abuelos, tíos, primos, cuñados y otros pueden ser agregados o considerados, dependiendo del tipo de sociedad. Pero estamos hablando de la familia cuyo patrón es constituido de acuerdo con la Palabra de Dios.
Los hijos nunca deben ocupar el lugar de la madre o del padre. Cuando uno de los dos cónyuges sustituye al otro por los hijos, es como si se estuviese sepultando junto con su matrimonio, ¿pues no son los dos una sola carne?
Esto sucede generalmente cuando la mujer se siente insegura del amor de su marido. Su inseguridad conyugal la hace sustituir al marido por los hijos, y eso es lo que más ha contribuido para la destrucción de los hogares. Si la mujer fuera sabia, lucharía con Dios en oración para reconquistar el corazón del marido, no para sustituirlo.
Los padres
Cuando los jóvenes dejan a sus padres para casarse, estos deben estar conscientes de que la joven pareja pasa a ser una sola carne, y quien se interponga entre ellos, con excepción de Dios, será una barrera para su felicidad. Los padres de los jóvenes casados, si realmente quieren verlos felices, deben cortar el cordón umbilical definitivamente, sabiendo que los hijos ya no son más suyos y, para el bienestar de ellos y de sí mismos, deben dejarlos construir sus vidas libremente, sin ninguna interferencia.
Si los padres entendiesen que los hijos nunca le pertenecieron, no sufrirían tanto y aceptarían de buen grado dejarlos libres, para vivir la felicidad del matrimonio. Todo lo que existe aquí en la tierra, como en los cielos pertenece al Señor Dios, el Creador. Nuestros hijos, por ejemplo, son apenas un préstamo que Él nos hace por algún tiempo.
Cuando no reconocemos eso y tomamos posesión de ellos en nuestro corazón, en el caso grave que ellos mueran, también moriremos interiormente. Por eso, son muchas las personas que se martirizan al hacer de sus hijos el mayor tesoro de sus corazones. El Señor Jesús dijo: “…porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6:21)
Si nuestro corazón estuviera en los hijos, padres, hermanos, en el marido, en la mujer, o en cualquier cosa de este mundo, y los perdemos, también perderemos la propia razón de vivir; pero si nuestro corazón estuviera en el Señor Jesús, entonces estará seguro por toda la eternidad y nunca podrá ser abatido o destruido.
La pareja
El ser humano no es una isla, pues Aquel que lo creó a Su imagen y semejanza no lo hizo para vivir solo. Él mismo dijo: “No es bueno que el hombre esté solo...” (Génesis 2:18).
Aunque el hombre haya sido creado perfecto, según la imagen y semejanza del Altísimo, aún así le faltaba alguien que lo completase. No podría ser alguien igual a él físicamente, pero también debería ser lo suficientemente fuerte para auxiliarlo. Entonces, según la narrativa Bíblica, de la costilla del hombre, el Señor creó a la mujer. El podría haberla formado de la misma manera como hizo al hombre, o sea, del barro. Pero hizo a la mujer - partir del hombre, a fin de dejar evidente la posición de ella con relación a él: sumisa a su liderazgo. La mujer fue creada con la finalidad específica de auxiliar al hombre en la procreación, en la educación de los hijos, en la administración de la casa, aparte del aspecto afectivo. El hombre es la cabeza, pero la mujer, el corazón. Los dos son igualmente considerados por Dios, pero el Señor colocó al hombre con la responsabilidad de dirigir la familia. Por eso, la mujer debe someterse a él, que, a su vez, tiene el deber de amarla.
El hombre puede tener el perfil de fuerza, garra, coraje, poder y virilidad como un pura sangre árabe, pero cuando está en los brazos de una mujer se comporta como si fuese un niño indefenso, pues solo ella está dotada de poder para hacerlo feliz en la tierra. El sin ella es como un hombre con una sola pierna; si la cambia, es como si cambiase la pierna natural por una mecánica; estará preparado, pero jamás podrá competir. El hombre no sólo precisa de la mujer, depende de ella. Fueron creados uno para el otro, por eso mantienen una interdependencia, completándose en el matrimonio, de tal forma que pasan a ser un sólo cuerpo.
Cuando una persona nace de Dios, su próximo paso más importante es el matrimonio. Si es soltero, divorciado o viudo y quiere servir a Dios, tiene que pensar inmediatamente en el matrimonio; pues del éxito matrimonial depende servir mejor o no al Señor. Si ya está casado debe luchar para que su mujer también se convierta y, juntos, en un solo espíritu y en una sola fe, puedan luchar por los que están pereciendo sin salvación.
Para que el casamiento sea una bendición, no basta con que la pareja sea bautizada con el Espíritu Santo. Teóricamente, sí, pero en la práctica eso no es suficiente, porque el ser humano no se constituye solamente de la parte espiritual, existe también la carne que se enfrenta con el espíritu. Si viviésemos en espíritu las 24 horas del día, durante el resto de nuestras vidas, no habría problema; mientras tanto, queramos o no, la carne siempre se manifiesta. Por causa de eso, es necesario que, además de ser llenos del Espíritu Santo, la pareja sea compatible entre sí.
Imaginémonos, por ejemplo, una mujer que tenga más edad, más experiencia y cultura, o que esté técnicamente en un nivel superior al del marido. ¿De qué manera ella se someterá al liderazgo de él en la vida diaria? Es prácticamente imposible. Y si él no estuviera en la condición de cabeza de la familia, según lo enseñan las Escrituras, será prácticamente imposible que ese hogar salga adelante. El problema es más complejo de lo que podemos suponer, pero el hecho es: “Si el matrimonio no estuviere de acuerdo con la Biblia, no estará de acuerdo con Dios”. Es obvio que los autores sagrados no orientan al respecto a la necesidad del nivel social entre los novios. Pero no podemos despreciar la inteligencia aliada a la fe. Si hay desventaja social por parte de él en relación a ella, entonces es preciso evaluar mejor antes de concretar una unión que tiene todo para no ser exitosa.
Los obispos y pastores de la Iglesia Universal del Reino de Dios con más experiencia siempre están disponibles para aconsejar a los novios. Ya que no hay una imposición doctrinaria de parte de la IURD con respecto a este asunto. Por eso hemos buscado dar una orientación preventiva, teniendo en cuenta la gran falta de discernimiento espiritual de los novios convertidos.
La familia de Dios (Parte 1)
Dios y la familia
Todo ser humano tiene en el corazón un orden natural de los principales valores considerados por él, esto es, el orden de las personas o cosas más importantes en su vida. Normalmente, los padres tienen a sus hijos y éstos a los padres en primer lugar. Pero el orden natural de los valores en la vida de aquellos que son realmente de Dios, por la fe en el Señor Jesucristo, tienen en primer lugar a Dios, en la persona de Jesús; en segundo, el matrimonio; en tercero, los hijos.
En forma general, los padres ocupan el primer lugar en el corazón de los hijos y eso también ocurre con relación a Dios. Cuando una persona es nacida de Dios, pasa a tenerlo como el verdadero y eterno Padre, por lo tanto es natural que Él ocupe el primer lugar en su vida. El hecho de nacer del Espíritu Santo provoca un cambio respecto de lo que considera la persona más importante en su vida, y el Señor Jesucristo pasa a ser la razón de su vivir. Bueno, ¡ésa es la razón principal que caracteriza la verdadera conversión cristiana!, pues una persona realmente convertida tiene en el Señor Jesús su mayor amor y su mayor riqueza. La mujer, los hijos, los padres, los amigos, y todo lo demás queda en segundo plano.
Eso no es teórico como acostumbra a suceder con los religiosos en general; eso ocurre en la práctica con todo aquel que se convierte al Señor Jesucristo: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, porque todo aquel que quiere salvar su vida, la perderá; y todo aquel que pierda su vida por causa de mí, la hallará. ¿De qué le servirá al hombre ganar a todo el mundo, si pierde su alma?” (Mateo 16:24-26)
La afinidad existente entre Dios y la persona nacida de Él, está unida por una expresión de fe de tal manera que racionalmente hablando es imposible explicarla. El Señor Jesucristo, Autor y Consumador de la fe, a través del Espíritu Santo, es quien deposita esa fe en el corazón de sus hijos.
El casamiento
Después del encuentro con Dios, el casamiento es el paso más importante en la vida del ser humano, especialmente del cristiano. Inclusive en ese orden está el símbolo formado por la cruz, a saber: la relación con Dios, caracterizado por el madero vertical de la cruz, y la relación con su prójimo, representado por el madero horizontal. Si el brazo de esa cruz no comienza por el casamiento, la relación nunca se formará. ¿Cómo una persona puede tener una buena relación con su prójimo, si no lo tiene en primer lugar con su otra mitad?
Para empezar, ambos cónyuges tienen que haber tenido la experiencia del nuevo nacimiento, para que la felicidad en el casamiento esté asegurada. No basta ser religioso, frecuentar una determinada iglesia cristiana evangélica, o incluso haber recibido el bautismo con el Espíritu Santo. Es preciso mucho más. Tanto la esposa como el marido deben vivir la fe que profesan, porque de la comunión diaria con Dios va a depender el respeto mutuo y la paz en la relación entre ellos.
La base más importante de un matrimonio es la comunión con Dios. La mayoría de las personas piensan que cuando el matrimonio no va bien es porque el amor se está enfriando, pero no siempre eso es verdad. De hecho, el problema está en la relación con Dios, por parte de uno o del otro, o hasta de ambos. Tenemos grandes dudas de que pueda existir un enfriamiento en la pareja cuando mantiene una estrecha comunión con Dios. Porque además esta escrito:
“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo…” (Romanos 5:5)
El amor puro y verdadero de un matrimonio sólo es posible cuando en sus vidas está la presencia de Dios, pues de El proviene el amor. Si no existe la presencia de Dios, no hay amor. Y si no hay amor, no existe comunión en la pareja y mucho menos existirá la paz.
Los hijos
Los hijos vienen de la convivencia en paz y amor, y son herederos de todo lo que vivieron sus padres. Si éstos viven en paz, los hijos disfrutarán de la paz, pero si ellos viven en conflicto, lo mismo se reflejará en los hijos. De hecho, los hijos siempre heredan de los padres lo bueno como lo malo, dependiendo de lo que ellos vivan entre sí.
En síntesis la felicidad de la pareja depende de la relación que tengan con Dios, y la de los hijos, depende de la felicidad de los padres. Por esa razón la Biblia prohíbe el casamiento mixto, o sea el casamiento de la persona convertida con el incrédulo. Los jóvenes enamorados deben probar la fe entre ellos para verificar si están caminando hacia la misma dirección. Una persona nacida de Dios solamente se casa con otra nacida de Dios, siguiendo el ejemplo de Abraham, nuestro padre en la fe, que escogió su esposa entre las nacidas en la casa de su padre.
Cuando la persona tiene un encuentro con Dios, automáticamente se aparta de los amigos incrédulos, pues no hay más comunión con ellos. A partir de entonces, busca amistades con otros que también son de Dios, porque eso le hace bien. La elección del casamiento debe ser mucho más rigurosa aún, viendo que su vida física será entregada a otra persona para formar un solo cuerpo. Su vida conyugal será el resultado de la vida individual que hayan tenido con Dios. Si cada uno mantuviere una vida espiritual saludable, la vida de los dos también será saludable. Si uno estuviere mal espiritualmente, la convivencia sólo podrá ser mantenida si aquel que es convertido asume el carácter del Señor y soporta las provocaciones del otro. De lo contrario, el matrimonio correrá riesgos, e incluso, la propia salvación estará en peligro.
Creo que el matrimonio es el termómetro que mide la espiritualidad de la pareja. La convivencia entre los dos refleja la relación de cada uno con Dios. A fin de cuentas está en juego la fidelidad en la alianza entre sí, y sobre todo, individualmente con Dios. Cuando hay respeto entre ambos, es señal que hay temor en el corazón de ellos delante del Señor. Cuando hay armonía, cariño y amor, significa que existe la paz del Espíritu Santo en sus vidas.
“Por tanto dejará el hombre a su padre ya su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne.” (Génesis 2:24)
El Anillo
En una pequeña aldea un joven ya cansado de ser menospreciado por todos, busca hablar con un viejo maestro de la aldea: Vengo maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. Como puedo mejorar? Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo, le dijo: Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi proprio problema. Quizás después. Y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar. Encantado maestro, titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas. Bien asintió el maestro.
Se quitó un anilo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. EL joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó empezó a ofrecer el anillo a los mercadores. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendia por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenia instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, más de cien personas, y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
"Cuando hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro, podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda." Entró en la habitación y dijo: matero lo siento, no pude conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie sobre el verdadero valor del anillo. Qué importante lo que dijiste, joven amigo, contestó sonriente el maestro.
Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quien mejor él para saberlo? Dile que quisera vender el anillo y pregunta cuánto te da por él, pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aqui con mi anillo. El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil co su lupa, lo peso y luego le dijo: Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo, 58 Monedas! Exclamó el joven,"si replicó el joyero"yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido. Siéntate dijo el maestro después de escucharlo. Tu eres como este anillo: una joya valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.
El maestro sin mirarlo, le dijo: Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi proprio problema. Quizás después. Y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar. Encantado maestro, titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas. Bien asintió el maestro.
Se quitó un anilo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. EL joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó empezó a ofrecer el anillo a los mercadores. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendia por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenia instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, más de cien personas, y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
"Cuando hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro, podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda." Entró en la habitación y dijo: matero lo siento, no pude conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie sobre el verdadero valor del anillo. Qué importante lo que dijiste, joven amigo, contestó sonriente el maestro.
Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quien mejor él para saberlo? Dile que quisera vender el anillo y pregunta cuánto te da por él, pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aqui con mi anillo. El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil co su lupa, lo peso y luego le dijo: Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo, 58 Monedas! Exclamó el joven,"si replicó el joyero"yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido. Siéntate dijo el maestro después de escucharlo. Tu eres como este anillo: una joya valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.
Dios era la riqueza de Salomón
Así el rey Salomón llegó a ser más grande que todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría. Y toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón. (1 Reyes 10: 23-24 NVI)
Él era el rey más rico de todos los tiempos, el hombre más sabio del mundo.
El mejor comerciante y distribuidor que ha pasado a través de la tierra.
Él nunca perdió un centavo, nunca fue amenazado o ha tenido enfermedad.
Ganó todo lo que un hombre puede pensar en el planeta Tierra.
Todo lo que los ojos de Salomón deseó tener, EL conquistaba nunca se ha privado de cualquier placer de la tierra.
Palacio de lujo, oro en abundancia
Coches, casas, oro, funcionarios, empleados, sirvientes, buena salud, servidores y etc ...
Él se hizo cargo del reino de su padre con nada y tenia sólo 12 años
¿Por qué todo esto? ¿Cómo ha conseguido este éxito? simple
El TODO de Salomón siempre fue Dios
La riqueza de Salomón era Dios.
Cuando Dios realmente es todo para ti, cuando Dios sea su riqueza total, entonces Él hará grandes cosas en su vida.
EL ser el más rico del mundo quiere ser su socio, pero no se puede tener el corazón en el "dios" de este mundo, que es el dinero.
Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, codiciando algunos, se extraviaron de la fe y de ellos mismos traspasaron con muchos dolores. (1 Timoteo 6:10 RV)
Cuando usted se convierte en un socio de Dios a través de los diezmos y ofrendas cosas increíbles él hará por usted, en la riqueza y la sabiduría en los negocios
Esta es la consagración definitiva en 2014 del diezmista y cómo Dios quiere darte todo que le queda para conquistar todo este año. Él tiene el poder para eso!
Dios quiere ser tu socio¿ que aceptar o rechazar?
Él era el rey más rico de todos los tiempos, el hombre más sabio del mundo.
El mejor comerciante y distribuidor que ha pasado a través de la tierra.
Él nunca perdió un centavo, nunca fue amenazado o ha tenido enfermedad.
Ganó todo lo que un hombre puede pensar en el planeta Tierra.
Todo lo que los ojos de Salomón deseó tener, EL conquistaba nunca se ha privado de cualquier placer de la tierra.
Palacio de lujo, oro en abundancia
Coches, casas, oro, funcionarios, empleados, sirvientes, buena salud, servidores y etc ...
Él se hizo cargo del reino de su padre con nada y tenia sólo 12 años
¿Por qué todo esto? ¿Cómo ha conseguido este éxito? simple
El TODO de Salomón siempre fue Dios
La riqueza de Salomón era Dios.
Cuando Dios realmente es todo para ti, cuando Dios sea su riqueza total, entonces Él hará grandes cosas en su vida.
EL ser el más rico del mundo quiere ser su socio, pero no se puede tener el corazón en el "dios" de este mundo, que es el dinero.
Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, codiciando algunos, se extraviaron de la fe y de ellos mismos traspasaron con muchos dolores. (1 Timoteo 6:10 RV)
Cuando usted se convierte en un socio de Dios a través de los diezmos y ofrendas cosas increíbles él hará por usted, en la riqueza y la sabiduría en los negocios
Esta es la consagración definitiva en 2014 del diezmista y cómo Dios quiere darte todo que le queda para conquistar todo este año. Él tiene el poder para eso!
Dios quiere ser tu socio¿ que aceptar o rechazar?
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