La constitución de la familia
¿Qué es una familia? Aunque hoy en día la sociedad moderna discuta mucho sobre la composición familiar, de acuerdo con la Biblia, aprendemos que la constitución básica de la familia es la que se compone por los padres y los hijos. Abuelos, tíos, primos, cuñados y otros pueden ser agregados o considerados, dependiendo del tipo de sociedad. Pero estamos hablando de la familia cuyo patrón es constituido de acuerdo con la Palabra de Dios.
Los hijos nunca deben ocupar el lugar de la madre o del padre. Cuando uno de los dos cónyuges sustituye al otro por los hijos, es como si se estuviese sepultando junto con su matrimonio, ¿pues no son los dos una sola carne?
Esto sucede generalmente cuando la mujer se siente insegura del amor de su marido. Su inseguridad conyugal la hace sustituir al marido por los hijos, y eso es lo que más ha contribuido para la destrucción de los hogares. Si la mujer fuera sabia, lucharía con Dios en oración para reconquistar el corazón del marido, no para sustituirlo.
Los padres
Cuando los jóvenes dejan a sus padres para casarse, estos deben estar conscientes de que la joven pareja pasa a ser una sola carne, y quien se interponga entre ellos, con excepción de Dios, será una barrera para su felicidad. Los padres de los jóvenes casados, si realmente quieren verlos felices, deben cortar el cordón umbilical definitivamente, sabiendo que los hijos ya no son más suyos y, para el bienestar de ellos y de sí mismos, deben dejarlos construir sus vidas libremente, sin ninguna interferencia.
Si los padres entendiesen que los hijos nunca le pertenecieron, no sufrirían tanto y aceptarían de buen grado dejarlos libres, para vivir la felicidad del matrimonio. Todo lo que existe aquí en la tierra, como en los cielos pertenece al Señor Dios, el Creador. Nuestros hijos, por ejemplo, son apenas un préstamo que Él nos hace por algún tiempo.
Cuando no reconocemos eso y tomamos posesión de ellos en nuestro corazón, en el caso grave que ellos mueran, también moriremos interiormente. Por eso, son muchas las personas que se martirizan al hacer de sus hijos el mayor tesoro de sus corazones. El Señor Jesús dijo: “…porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6:21)
Si nuestro corazón estuviera en los hijos, padres, hermanos, en el marido, en la mujer, o en cualquier cosa de este mundo, y los perdemos, también perderemos la propia razón de vivir; pero si nuestro corazón estuviera en el Señor Jesús, entonces estará seguro por toda la eternidad y nunca podrá ser abatido o destruido.
La pareja
El ser humano no es una isla, pues Aquel que lo creó a Su imagen y semejanza no lo hizo para vivir solo. Él mismo dijo: “No es bueno que el hombre esté solo...” (Génesis 2:18).
Aunque el hombre haya sido creado perfecto, según la imagen y semejanza del Altísimo, aún así le faltaba alguien que lo completase. No podría ser alguien igual a él físicamente, pero también debería ser lo suficientemente fuerte para auxiliarlo. Entonces, según la narrativa Bíblica, de la costilla del hombre, el Señor creó a la mujer. El podría haberla formado de la misma manera como hizo al hombre, o sea, del barro. Pero hizo a la mujer - partir del hombre, a fin de dejar evidente la posición de ella con relación a él: sumisa a su liderazgo. La mujer fue creada con la finalidad específica de auxiliar al hombre en la procreación, en la educación de los hijos, en la administración de la casa, aparte del aspecto afectivo. El hombre es la cabeza, pero la mujer, el corazón. Los dos son igualmente considerados por Dios, pero el Señor colocó al hombre con la responsabilidad de dirigir la familia. Por eso, la mujer debe someterse a él, que, a su vez, tiene el deber de amarla.
El hombre puede tener el perfil de fuerza, garra, coraje, poder y virilidad como un pura sangre árabe, pero cuando está en los brazos de una mujer se comporta como si fuese un niño indefenso, pues solo ella está dotada de poder para hacerlo feliz en la tierra. El sin ella es como un hombre con una sola pierna; si la cambia, es como si cambiase la pierna natural por una mecánica; estará preparado, pero jamás podrá competir. El hombre no sólo precisa de la mujer, depende de ella. Fueron creados uno para el otro, por eso mantienen una interdependencia, completándose en el matrimonio, de tal forma que pasan a ser un sólo cuerpo.
Cuando una persona nace de Dios, su próximo paso más importante es el matrimonio. Si es soltero, divorciado o viudo y quiere servir a Dios, tiene que pensar inmediatamente en el matrimonio; pues del éxito matrimonial depende servir mejor o no al Señor. Si ya está casado debe luchar para que su mujer también se convierta y, juntos, en un solo espíritu y en una sola fe, puedan luchar por los que están pereciendo sin salvación.
Para que el casamiento sea una bendición, no basta con que la pareja sea bautizada con el Espíritu Santo. Teóricamente, sí, pero en la práctica eso no es suficiente, porque el ser humano no se constituye solamente de la parte espiritual, existe también la carne que se enfrenta con el espíritu. Si viviésemos en espíritu las 24 horas del día, durante el resto de nuestras vidas, no habría problema; mientras tanto, queramos o no, la carne siempre se manifiesta. Por causa de eso, es necesario que, además de ser llenos del Espíritu Santo, la pareja sea compatible entre sí.
Imaginémonos, por ejemplo, una mujer que tenga más edad, más experiencia y cultura, o que esté técnicamente en un nivel superior al del marido. ¿De qué manera ella se someterá al liderazgo de él en la vida diaria? Es prácticamente imposible. Y si él no estuviera en la condición de cabeza de la familia, según lo enseñan las Escrituras, será prácticamente imposible que ese hogar salga adelante. El problema es más complejo de lo que podemos suponer, pero el hecho es: “Si el matrimonio no estuviere de acuerdo con la Biblia, no estará de acuerdo con Dios”. Es obvio que los autores sagrados no orientan al respecto a la necesidad del nivel social entre los novios. Pero no podemos despreciar la inteligencia aliada a la fe. Si hay desventaja social por parte de él en relación a ella, entonces es preciso evaluar mejor antes de concretar una unión que tiene todo para no ser exitosa.
Los obispos y pastores de la Iglesia Universal del Reino de Dios con más experiencia siempre están disponibles para aconsejar a los novios. Ya que no hay una imposición doctrinaria de parte de la IURD con respecto a este asunto. Por eso hemos buscado dar una orientación preventiva, teniendo en cuenta la gran falta de discernimiento espiritual de los novios convertidos.
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