La familia de Dios (Parte 4)

Fe amor y casamiento
Todo casamiento debe realizarse basado en la fe. Los jóvenes, antes de casarse, deben examinar muy bien los corazones y constatar si hay fe suficiente como para tomar la segunda decisión más importante de sus vidas. Por otro lado, los casamientos que son motivados apenas por la pasión normalmente fracasan. Por esa razón el matrimonio ha sido una institución frustrada, influenciando también la falencia de la iglesia. La mayoría de los casamientos se realizan más por inducción de los ojos físicos que por los ojos espirituales. Los soñadores se engañan al confundir e sentimiento de pasión con amor, y esta los lleva a la desilusión respecto al sagrado matrimonio. Cuando el matrimonio se realiza sobre la base de a fe bíblica, sumada a una compatibilidad de edad, pensamientos e ideas, y aderezado con un poco de simpatía de ambas partes, tiene todo para ser una bendición.
En el matrimonio bendecido por Dios, el verdadero y puro amor comienza a nacer con la convivencia diaria. El amor no es simplemente un sentimiento del corazón, sino la conciencia y la práctica diaria de la entrega de todo el ser en favor de la persona amada. Eso solamente se torna realidad cuando ambos omiten los defectos del otro y aprenden a ver solamente las cualidades.
Amar es darse. El amor de Dios por la humanidad, por ejemplo, no quedó en un sentimiento, sino que se concretó en una actitud de dar la vida de Su único Hijo en favor de ella. El amor que debe existir entre la pareja es mucho más que la entrega irrestricta de uno hacia el otro; y más que un mero sentimiento de deseo personal y carnal, pues quien ama se preocupa en dar.
Podemos decir que mientras no haya una alianza matrimonial, los enamorados son poseídos sólo por una pasión carnal y por el deseo de satisfacerse con la posesión del otro. A partir del casamiento, sin embargo, la pasión dirigida hasta entonces a la satisfacción del deseo y aquella voluntad incontenida de realización personal son trasferidas a la persona querida y trasformadas en amor, cuidado y cariño.
Próxima parte: El hogar de la mujer y del hombre de Dios.

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