Conquistando Almas (Parte1)

EL LATIR DEL CORAZÓN Y LA CONQUISTA DE NUEVAS ALMAS
Un grupo de señoras cristianas estaba realizando su acostumbrada reunión de oración. Cierto evangelista, un intrépido conquistador de almas, era el invitado para dirigir por una vez aquella pequeña reunión de oración.
Él oía algunas de ellas hablando al respecto de una mujer inmoral que vivía cerca.
El evangelista, entonces, preguntó: “¿Qué están haciendo ustedes para lograr la salvación de esa mujer?”
La dirigente tomó la palabra: “Estamos orando fielmente por su salvación cada vez que nos reunimos”
“¡Excelente!” dijo el evangelista. “Pero ella irá al infierno mientras ustedes oran. ¿Aún no han ido a visitarla? ¿Aún no le hablaron sobre del Señor Jesús? ¿Alguien ya le llevó una invitación a su casa?”
LA FILOSOFIA DEL MENSAJERO
Hemos hecho de Dios un mensajero, un entregador de recados. ¡Nos olvidamos que Él es el Gerente General! Todo lo que hacemos es decirle al Señor que haga todo aquello que Él desea que hagamos: visitar a los necesitados; consolar y apoyar a los débiles; bendecir y ayudar a los pobres; darle ánimo a los encarcelados y hablar a los que están perdidos. Queremos que el Señor Jesús haga todas esas cosas mientras nosotros estamos orando. ¡Qué iglesia tan favorable desarrollamos!
Una pregunta: ¿Alguien puede decir una sola cosa que el Señor Jesús pueda hacer en nuestra ciudad o comunidad sin un cuerpo por medio del cual Él pueda actuar?
Cuando Dios visitó a los hombres, para mostrarse, vino en un cuerpo, es decir, en carne y hueso. Jesucristo era Dios encarnado. Sin embargo, Lo mataron. Entonces Él regresó en forma de espíritu (el Espíritu Santo), para hacer morada en nuestro cuerpo, volviéndolo Su Templo (1 Corintios 6:19). Ahora usted y yo somos Su Cuerpo.
Usted es la Iglesia, la cual es el Cuerpo de Cristo en su comunidad.
El Señor Jesús ministra por medio de Su Cuerpo hoy, de la misma manera que ministró por medio de un cuerpo hace más de dos mil años. Hoy, el Cuerpo del Señor Jesús somos usted (su cuerpo) y yo (mi cuerpo).
Nosotros somos el Templo del Espíritu Santo. Yo soy la Iglesia, El Cuerpo de Cristo. Usted es la Iglesia y también el Cuerpo de Él.
“porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.” (Efesios 5:30)
El Señor Jesús nada puede hacer, excepto que lo haga por medio de la Iglesia, Su Cuerpo, el cual soy yo y no mi congregación o denominación. La Iglesia, el Cuerpo de Cristo, somos usted y yo, si somos cristianos verdaderos.
Cuando usted esté delante de Dios, necesitará rendir cuentas de las obras que hizo (o dejó de hacer). Usted no será juzgado a la luz de lo que nuestra iglesia hizo como un cuerpo espiritual. Dios no llamará a la iglesia a la que usted pertenece como una unidad de juicio. Él no juzgará lo que su congregación hizo (o dejó de hacer) como Cuerpo “corporativo” de Cristo. Usted no podrá decir: “Señor, mi pastor hablará por mí; soy miembro fiel de mi iglesia y trabajamos como una unidad. Por lo tanto, no puedo responder como un individuo”.
En cuanto a estar delante de Dios, usted es la Iglesia, el cuerpo de Cristo.
Hablamos de Iglesia, o del Cuerpo de Cristo, centro de reunión de cristianos, la comunidad de los que fuimos salvos, y eso también es verdad. Pero toda verdad tiene que volverse personal; de lo contrario, será perdida. Hemos considerado el Cuerpo de Cristo en su sentido general, colectivo, pero no en su aplicación individual. El Señor Jesús debe vivir en nosotros personalmente.
“el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos (…) que es Cristo en vosotros” (Colosenses 1:26-27)
El Señor Jesús debe tener un Cuerpo por medio del cual Él pueda actuar hoy. Ese Cuerpo somos usted y yo. Nosotros somos la Iglesia, Su Cuerpo, Su Templo.
Eso no significa que ignoramos el Cuerpo de Cristo en su sentido corporativo – constituido de todos los cristianos - sino que usted y yo despertamos al hecho de que Jesucristo es nacido en nosotros, y nosotros somos ahora Su Cuerpo.
Suena más correcto decir: somos miembros del Cuerpo de Cristo, y lo somos realmente (1 Corintios 12:27). Ese concepto popular en cuanto a los miembros fue un tanto distorsionado en su aplicación, de forma que muchos cristianos descansan en la iglesia, dejando el ministerio de evangelización solamente para los pastores. Piensan: el pastor y la iglesia hará todo el trabajo. A los miembros de la Iglesia les gusta saber que se está trabajando y creciendo. Ellos están dispuestos a pagar los diezmos y dar ofrendas para eso, mientras que otros hagan el trabajo. Sin embargo, el cristianismo es una tarea personal. Si el Señor Jesús mora en usted, entonces usted es el Cuerpo de Él. Él mora en usted porque desea actuar a través de usted. Él necesita de su cuerpo para alcanzar a las demás personas. La esencia de su experiencia cristiana es el Señor Jesús en usted.
La pregunta que surge es: ¿Cuántos quieren de verdad vivir esa experiencia?

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